Alguien me dijo una vez que el rasgo que posiblemente más me definía era la entereza, esa cualidad que te hace, aún habiendo sido roto por dentro, conservar la ilusión y todos tus pedazos con dignidad, y ser capaz de volar con las grandes alas de la sonrisa sin renunciar a tus ideales.

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lunes, 15 de febrero de 2010

Noche de invierno

El olor de tu cuerpo aún impregnaba las sábanas,
el sabor de tu piel todavía mis papilas deleitaba,
y mi tonta sonrisa, esa, esa no se marchaba.

Y quería más, más de tus manos que me queman,
más de tus susurros, de tus mordiscos, de tu lengua
de ese tiempo mezcla de infierno, cielo y tierra.

Me dabas la miel del verdadero placer
y yo moría por volverlo a tener,
como adicto a tu pelo, a tu olor, a tu piel.

Y no tenía miedo, contigo siento, ni siquiera pienso,
sólo quiero el ansiado calor de tu aliento,
en esta noche fría de este lluvioso invierno.

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