Alguien me dijo una vez que el rasgo que posiblemente más me definía era la entereza, esa cualidad que te hace, aún habiendo sido roto por dentro, conservar la ilusión y todos tus pedazos con dignidad, y ser capaz de volar con las grandes alas de la sonrisa sin renunciar a tus ideales.
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miércoles, 17 de febrero de 2010
¿Quienes somos realmente?
El tema de la identidad me seduce enormemente, en especial todos los mecanismos sociales que hacen que te sientas perteneciente a una cultura o a un grupo social.
Y de una manera curiosa, como si de un experimento se tratase, mi mente siempre se plantea e intenta resolver cómo diferentes sujetos criados en el mismo ambiente desarrollan gustos, comportamientos y actitudes que no sólo se diferencian si no que en muchos casos son diametralmente opuestos, forjando todos los recovecos de eso que yo llamo identidad.
Me encantan los niños y tengo el placer de trabajar con ellos. En muchos casos en estas nuevas generaciones, observo un continuo desinterés por cualquier cosa que implique un esfuerzo intelectual, aunque sea tener una opinión sobre el aborto o sobre la ley antitabaco. Y así ha ocurrido con muchos de mis alumnos, que vagaban por el mundo con “Me da igual” “ Paso compadre”... pero este año está resultando especialmente interesante porque exceptuando a los chiquitines que van de camino, ¡mis alumnos tienen opinión! parece una chorrada pero cualquiera que trate con niños sabe que cada vez es más difícil encontrar especímenes que desarrollen opiniones diferentes a las de sus progenitores o a las de sus vecinos o simplemente tener opiniones... Y así es, tengo a un anarquista que leyó a Bakunin con 15 (este me recuerda un poco a mi), a un heavy comunista que toca en un grupo, a una pija capitalista futura economista, y a una orientalista metódica y soñadora que va para matemática. Todos de la misma generación, todos distintos entre sí, y distintos de sus hermanos, padres y amigos, como si un día se hubieran caído en un hoyo y hubieran entrado en Wonderland.
Y todos me recuerdan cada día que aunque para ellos son mis alumnos de matemáticas, francés, física, inglés, lengua o literatura; yo también tengo que aprender de ellos, lo mismo o más.
Y de una manera curiosa, como si de un experimento se tratase, mi mente siempre se plantea e intenta resolver cómo diferentes sujetos criados en el mismo ambiente desarrollan gustos, comportamientos y actitudes que no sólo se diferencian si no que en muchos casos son diametralmente opuestos, forjando todos los recovecos de eso que yo llamo identidad.
Me encantan los niños y tengo el placer de trabajar con ellos. En muchos casos en estas nuevas generaciones, observo un continuo desinterés por cualquier cosa que implique un esfuerzo intelectual, aunque sea tener una opinión sobre el aborto o sobre la ley antitabaco. Y así ha ocurrido con muchos de mis alumnos, que vagaban por el mundo con “Me da igual” “ Paso compadre”... pero este año está resultando especialmente interesante porque exceptuando a los chiquitines que van de camino, ¡mis alumnos tienen opinión! parece una chorrada pero cualquiera que trate con niños sabe que cada vez es más difícil encontrar especímenes que desarrollen opiniones diferentes a las de sus progenitores o a las de sus vecinos o simplemente tener opiniones... Y así es, tengo a un anarquista que leyó a Bakunin con 15 (este me recuerda un poco a mi), a un heavy comunista que toca en un grupo, a una pija capitalista futura economista, y a una orientalista metódica y soñadora que va para matemática. Todos de la misma generación, todos distintos entre sí, y distintos de sus hermanos, padres y amigos, como si un día se hubieran caído en un hoyo y hubieran entrado en Wonderland.
Y todos me recuerdan cada día que aunque para ellos son mis alumnos de matemáticas, francés, física, inglés, lengua o literatura; yo también tengo que aprender de ellos, lo mismo o más.
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yo SIEMPRE digo...de TODO el mundo, siempre se puede aprender algo...SOLO hace falta tener, ojos y oidos, lo suficientemente abiertos...
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